La batalla de los maestros en Minneapolis

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Por Marco I. Dávila C.

El estudiante Atzin Imari va en primer grado, estudia en una escuela pública de Minneapolis y comparte su experiencia después de haber asistido junto a su madre a un evento de protesta organizado por los maestros en la Lake Street al sur de Minneapolis. Al preguntar a Atzin qué fue lo que ahí presenció, esto fue lo que respondió: “Había sopa –un poco fría– pero era únicamente para los maestros, porque los maestros son quienes protestan todo el día y tienen hambre. Y había mucho ruido, música, cánticos y muchísimos carros tocando el claxon en apoyo a los maestros”.

La huelga de los maestros continúa. Esta huelga, la cual ha impactado a alrededor de 30 mil estudiantes, desde pre-kinder hasta grado 12, comenzó el 8 de marzo (2022). Desde entonces y hasta el cierre de esta publicación, las clases tanto en línea como presenciales llevan 12 días de haber sido canceladas.

El motivo principal de esta huelga es para dar un grito de exigencia sobre la necesidad de que Minneapolis cuente con mejores condiciones en las escuelas, en palabras de los líderes de la huelga: “escuelas seguras y estables”.

Para muchos, con esta acción de los maestros y la solidaridad de las miles de personas en la comunidad que les apoyan, ha quedado al descubierto que lo que actualmente invierte Minneapolis en la educación de los niños y de los jóvenes no es suficiente.

Después de varios días de negociaciones entre los líderes del distrito escolar y los líderes del sindicato que encabeza las exigencias de los maestros, la propuesta más reciente de las Escuelas Públicas de Minneapolis (MPS, por sus siglas en inglés) a la Federación de Maestros de Minneapolis (MFT, por sus siglas en inglés) incluye lo siguiente:

  • Límites de cupo en los salones de clase. Un salario inicial de más de 50 mil dólares para todos los maestros, incrementos al salario (más altos que los de St. Paul), y 3 mil dólares en bonos.
  • Amplias protecciones para maestros de color. Un trabajador social por cada escuela y una menor carga de trabajo para los trabajadores sociales y consejeros en escuelas con mayores necesidades.
  • Un incremento del 20% para entrenadores. Un millón en inversión para la educación física, las artes y para maestros de música en escuelas primarias pequeñas.
  • Estrategias adicionales para reclutar y retener a los maestros de color, incluyendo fechas límite para contratación, bonos por reclutamiento de trabajadores bilingues, un proceso modificado de asignación de maestros y el inicio de una asociación con Black Men Teach.
  • Los líderes de la MFT, han dicho que aunque es un buen avance, sigue siendo insuficiente y quedan muchos detalles por afinar.
  • Mientras que el principal argumento de MPS es el de que no se cuenta con un presupuesto suficiente como para cubrir las demandas de los maestros tal y como vienen en la propuesta inicial del sindicato.

¿Qué es lo que piden los maestros?

En resumidas cuentas, buscan un aumento a los salarios de los especialistas asistentes de maestro (ESP, en inglés), más profesionales de la salud mental, clases más reducidas. En general, que se invierta más presupuesto en el sistema educativo. En cuanto al tiempo que los estudiantes han perdido al no tener sus clases regulares, éste se tendrá que recuperar de alguna manera. MPS ha dicho a los padres de familia que estén pendientes, porque una forma de recuperar las horas de estudio podría ser extendiendo el periodo anual de clases hasta el mes de junio.

Los traumas por los que ha pasado Minneapolis recientemente se han ido acumulando uno tras otro.
Primero, el asesinato a plena luz del día de George Floyd a manos de la policía; la rebelión social que se desató debido a dicho acontecimiento; la pandemia misma y la cancelación de las clases presenciales por esa razón, y hoy la huelga que ha dejado sin escuela a alrededor de 30 mil estudiantes.

Dicho esto, creo que no se debe utilizar este argumento como para culpar a los maestros por el estrés social que se ha ido acumulando, ya que los maestros no tienen la culpa de los malos salarios ni del desinterés de quienes toman las decisiones.

Cabe resaltar que la comunidad y los padres de familia, en su mayoría apoyan a los maestros.
Lo menos que podemos decir es que los trabajadores que educan a nuestros niños en las escuelas públicas de Minneapolis merecen buenos salarios, buenos beneficios y buenas condiciones de trabajo.

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